La pasarela de acero, que ya une la T4 de Barajas con el barrio de Valdebebas, ganó un concurso al que se habían presentado otras 12 propuestas. Lo hizo marcando el lugar, dotándolo de identidad.

Es esa celosía la que aligera el puente, una cuádruple malla decalada que asegura su transparencia, porque se deja atravesar por la luz. El resultado es ligero, fácil a los ojos ―y complicado a los cálculos―. Un lugar al que las luces y las sombras que lo atraviesan añaden dinamismo.

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