El proyectista Raúl Almenara firma una idea sencilla a partir de una arquitectura complicada.

La curva de esta vivienda es un mordisco limpio, una salida al exterior, lo mismo que las tres aperturas transparentes para llenarla de luz y relacionar esta abstracción con el lugar. El resto es escala y, como los edificios vecinos, una cubierta inclinada reinterpretada desde el blanco. Esa cubierta es a su vez un mirador. Sirve, también, para poder tumbarse al sol.

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